jueves, 29 de septiembre de 2011

Santos Arcángeles

Unidos a los arcángeles que en el cielo cantan la gloria de Dios, digamos:


R/ Sólo tú eres santo, Señor.


El arcángel Gabriel bendijo a María,
-queremos cantar por siempre tus maravillas.


Rafael condujo a Tobías por el camino seguro,
-haz que nunca nos apartemos de tu evangelio.


Miguel lucha contra los enemigos de tu amor,
- haz que nos proteja de todos los peligros.


Los ángeles cantan en el cielo tu santidad y tu gloria,
- que nuestra vida sea reflejo de tu misericordia.

sábado, 24 de septiembre de 2011

viernes, 23 de septiembre de 2011

«Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres»


Sabemos que entre sus discípulos, Jesús escogió a doce para ser los padres del nuevo Israel, y los escogió para que «estuvieran con él y enviarlos a predicar». Este hecho es evidente, pero, además de los Doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo Pueblo de Dios, escogió también a muchas mujeres para que fueran del número de sus discípulos. No puedo hacer más que evocar brevemente las que se encuentran en el camino del mismo Jesús, desde la profetisa Ana hasta la Samaritana, la Sirofenicia, la mujer que sufría pérdidas de sangre y a la pecadora perdonada. No insistiré sobre los personajes que entran en algunas parábolas vivientes, por ejemplo la del ama de casa que cuece el pan, la que limpia la casa porque pierde la moneda de plata, la de la viuda que importuna al juez. En nuestra reflexión de hoy son más significativas estas mujeres que han jugado un papel activo en el conjunto de la misión de Jesús.

Naturalmente, en primer lugar se piensa en la Virgen María, que por su fe y su colaboración maternal coopera de manera única a la redención hasta el punto que Elisabet pudo proclamarla «bendita entre todas las mujeres», añadiendo: «Dichosa la que ha creído». Hecha discípula de su Hijo, María manifiesta en Caná su absoluta fe en él, y lo siguió hasta la cruz donde recibió de él una misión maternal para con todos los discípulos de todos los tiempos, representados allí por Juan.

Detrás de María vienen muchas mujeres, las cuales, a títulos diversos, han ejercido alrededor de la persona de Jesús funciones de diversa responsabilidad. Son ejemplo elocuente de ello las que seguían a Jesús asistiéndole con sus recursos y de las que Lucas nos transmite algunos nombres: María de Magdala, Juana, Susana, y «otras muchas». Seguidamente los Evangelios nos informan que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jesús a la hora de la Pasión. Entre ellas destaca, de manera particular, María de Magdala, la cual, no tan sólo asistió a la Pasión, sino que fue la primera en recibir el testimonio del Resucitado y a anunciarle. Es precisamente a ella a quien santo Tomás de Aquino reserva el calificativo único de «apóstol de los apóstoles», y añadiendo este bello comentario: «Así como una mujer anunció al primer hombre palabras de muerte, así también una mujer anunció a los apóstoles palabras de vida».

BENEDICTO XVI

miércoles, 21 de septiembre de 2011

En la fiesta de San Mateo

Mateo fue llamado por el Señor para ser apóstol y evangelista. Reconociendonos en la fe de los apóstoles, pedimos al Señor:
R/ Muéstranos tu rostro.

Tú que te acercaste a Leví y le pediste que te siguiera,
-muéstrate a todos los hombres para que puedan reconocer que eres el que más desean conocer.

Tú que llamaste a Mateo para hacerlo discípulo tuyo,
-danos a conocer lo que esperas de cada uno de nosotros.

Tú que comiste en cas de Mateo, acompañado de sus conocidos y amigos,
-ayúdanos a comunicar nuestra fe a los que nos rodean.

Tú que no has venido a llamar a los justos sino a los pecadores,
-enséñanos a acogernos a tu misericordia.

Tú que iluminaste a san Mateo para que pusiera por escrito el relato de tus acciones y palabras,
-danos una comprensión más profunda de las Escrituras.

martes, 20 de septiembre de 2011

«Muchacho, a ti te digo, ¡levántate!»

 (Lc 7,14)_____San Agustín

Que nadie tenga duda, si es cristiano, que incluso ahora los muertos resucitan. Ciertamente, todo hombre tiene ojos para ver resucitar a los muertos como resucitó el hijo de esta viuda del que nos habla el evangelio. Pero no todos pueden ver resucitar a los hombres que están muertos espiritualmente. Para ello hay que haber resucitado interiormente. Es una obra mayor resucitar a un hombre para vivir para siempre que resucitar a alguien para volver a morir más tarde.

La madre de este joven, esta viuda, fue transportada de alegría al ver a su hijo resucitar. Nuestra madre, la Iglesia, se alegra también viendo todos los días la resurrección espiritual de sus hijos. El hijo de la viuda estaba muerto en su cuerpo, pero aquellos estaban muertos en su espíritu. Hubo llanto por la muerte del primero, pero no hubo pena por la muerte invisible de los últimos ya que no se veía esta muerte. El único que no quedaba indiferente era aquel que conocía estos muertos. Sólo él los podía devolver a la vida. En efecto, si el Señor no hubiera venido a resucitar a los muertos, el apóstol Pablo no hubiera dicho: «Levántate, tú que duermes, y Cristo te iluminará.» (Ef 5,14)