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sábado, 25 de mayo de 2013

jueves, 31 de mayo de 2012

Alma de mi alma

Espíritu Santo, eres el alma de mi alma, te adoro humildemente.

Ilumíname, fortifícame, guíame, consuélame.

Y en cuanto corresponde al plan eterno Padre Dios revélame tus deseos.

Dame a conocer lo que el Amor eterno desea en mí.

Dame a conocer lo que debo realizar.

Dame a conocer lo que debo sufrir.

Dame a conocer lo que con silenciosa modestia y en oración, debo aceptar, cargar y soportar.

Sí, Espíritu Santo, dame a conocer tu voluntad y la voluntad del Padre.

Pues toda mi vida no quiero ser otra cosa que un continuado perpetuo Sí a los deseos y al querer del eterno Padre Dios.
(P. José Kentenich)

lunes, 28 de mayo de 2012

Ven

“Ven, luz verdadera.
Ven, vida eterna.
Ven, misterio oculto.
Ven, tesoro sin nombre.
Ven, realidad inefable.
Ven, Persona inconcebible.
Ven, felicidad sin fin.
Ven, luz sin ocaso.
Ven, espera infalible de todos los que deben ser salvados.
Ven, despertar de los que están acostados.
Ven, resurrección de los muertos.
 Ven, oh poderoso, que haces siempre todo y rehaces y transformas por tu solo poder.
Ven, oh invisible y totalmente intangible e impalpable.
Ven, tú que siempre permaneces inmóvil y a cada instante te mueves todo entero y vienes a nosotros, tumbados en los infiernos, oh tú, por encima de todos los cielos.
Ven, oh Nombre bien amado y respetado por doquier, del cual expresar el ser o conocer la naturaleza permanece prohibido.
Ven, gozo eterno.
Ven, corona imperecedera.
Ven, púrpura del gran rey nuestro Dios.
Ven, cintura cristalina y centelleante de joyas.
Ven, sandalia inaccesible.
Ven, púrpura real.
Ven, derecha verdaderamente soberana.
Ven, tú que has deseado y deseas mi alma miserable.
Ven tú, el Solo, al solo, ya que tú quieres que esté solo.
Ven, tú que me has separado de todo y me has hecho solitario en este mundo.
Ven, tú convertido en ti mismo en mi deseo, que has hecho que te deseara, tú, el absolutamente inaccesible. Ven, mi soplo y mi vida.
Ven, consuelo de mi pobre alma.
Ven, mi gozo, mi gloria, mis delicias sin fin”

Ven Espíritu

Ven, tú el más santo de los Espíritus,

Ven , pues;
ven, oh consolador buenísimo del alma que sufre...
Ven, tú que purificas las manchas,
tú que curas las heridas.
Ven, fuerza de los débiles,
vencedor de los orgullosos.
Ven, oh tierno padre de los huérfanos...
Ven, esperanza de los pobres...
Ven, estrella de los navegantes,
puerto de los que naufragan.
Ven, oh gloriosa insignia de los que viven.
Ven, tú el más santo de los Espíritus,
ven y ten compasión de mí.
Hazme conforme a ti...
Juan de Fécamp

Pentecostés

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-- Paz a vosotros

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

martes, 22 de mayo de 2012

Ven, Espíritu Santo.

Ven, Espíritu Santo.
Tú eres el Dador de vida,
el Consolador,
el Fuego del alma.
la fuente interior viva.
Tú eres el Amor,
en el sentido divino de esta palabra.
Tenemos absoluta necesidad de Ti
Tú eres el Camino de nuestra vida.
Tú eres el Santificador
que hemos recibido
tantas veces en los sacramentos.
Tú eres el toque de Dios
que ha impreso en nuestras almas
el carácter cristiano.
Tú eres la dulzura y a la par
la fortaleza de la verdadera vida cristiana.
Tú eres dulce huésped de nuestra alma.
Tú eres el amigo para el que queremos tener
atención interior
servicio reverencial
escucha dócil
devoción afectuosa
amor fuerte.
Ven, Espíritu Santo renueva la faz de la tierra.

Pablo VI

«El Espíritu de la Verdad os guiará hasta la verdad plena»

«¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre
que está en él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el
Espíritu de Dios» (1 C 2,11).

Apresúrate, pues, a participar del Espíritu Santo: cuando se le invoca, ya está presente; es más, si no hubiera estado presente no se le habría podido invocar. Cuando se le llama, viene, y llega con la abundancia de las bendiciones divinas.

Él es aquella impetuosa corriente que alegra la ciudad de Dios (sl 45, 5). Si al venir te encuentra humilde, sin inquietud, lleno de temor ante la palabra divina, se posará sobre ti y te revelará lo que Dios esconde a los sabios y entendidos de este mundo (Mt 11,25). Y, poco a poco, se irán esclareciendo ante tus ojos todos aquellos misterios que la Sabiduría reveló a sus discípulos cuando convivía con ellos en el mundo, pero que ellos no pudieron comprender antes de la venida del Espíritu de verdad, que debía llevarlos hasta la verdad plena...

Así como aquellos que quieren adorarle deben hacerlo en espíritu y verdad, del mismo modo los que desean conocerlo deben buscar en el Espíritu Santo la inteligencia de la fe... En medio de las tinieblas de las ignorancias de esta vida, el Espíritu Santo es, para los pobres de Espíritu (Mt 5,3), luz que ilumina, caridad que atrae, dulzura que seduce, amor que ama, camino que conduce a Dios, devoción que se entrega, piedad intensa.

Guillermo de san Teodorico

domingo, 20 de mayo de 2012

La Ascensión del Señor

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 16, 15-20

En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once y les dijo:

-- Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos

Después de hablarles, el Señor Jesús, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.

domingo, 13 de mayo de 2012

VI Domingo de Pascua

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 15, 9- 17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

-- Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

sábado, 12 de mayo de 2012

Haremos morada en Él

Cristo permanece en su Iglesia: en sus sacramentos, en su liturgia, en su predicación, en toda su actividad. De modo especial Cristo sigue presente entre nosotros, en esa entrega diaria de la Sagrada Eucaristía. Por eso la Misa es centro y raíz de la vida cristiana. En toda misa está siempre el Cristo Total, Cabeza y Cuerpo. Per Ipsum, et cum Ipso et in Ipso. Porque Cristo es el Camino, el Mediador: en El, lo encontramos todo; fuera de El, nuestra vida queda vacía.

Cristo vive en el cristiano. La fe nos dice que el hombre, en estado de gracia, está endiosado. Somos hombres y mujeres, no ángeles. Seres de carne y hueso, con corazón y con pasiones, con tristezas y con alegrías. Pero la divinización redunda en todo el hombre como un anticipo de la resurrección gloriosa. Que así como en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados (1 Co 15,20-22).

La vida de Cristo es vida nuestra, según lo que prometiera a sus Apóstoles, el día de la Ultima Cena: Cualquiera que me ama, observará mis mandamientos, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él (Jn 14,23). El cristiano debe –por tanto– vivir según la vida de Cristo, haciendo suyos los sentimientos de Cristo, de manera que pueda exclamar con San Pablo, non vivo ego, vivit vero in me Christus (Ga 2,20), no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí.
San Jose Maria Escrivá de Balaguer

domingo, 6 de mayo de 2012

V Domingo de Pascua

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 15, 1-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

-- Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo poda para que dé mas fruto. Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

martes, 1 de mayo de 2012

Quien entre por mí se salvará

Yo soy el buen Pastor. Es evidente que el oficio de pas­tor compete a Cristo, pues, de la misma manera que e rebaño es guiado y alimentado por el pastor, así Cristo ali­menta a los fieles espiritualmente y también con su cuerpo y su sangre. Andabais descarriados como ovejas –dice el Apóstol–, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

Pero ya que Cristo, por una parte, afirma que el pastor entra por la puerta y, en otro lugar, dice que el es la puerta, y aquí añade que él es el pastor, debe concluirse, de todo ello, que Cristo entra por sí mismo. Y es cierto que Cristo entra por sí mismo, pues él se manifiesta a sí mismo, y por sí mismo conoce al Padre. Nosotros, en cambio, entramos por él, pues es por él que alcanzamos la felicidad.

Pero, fijate bien: nadie que no sea el es puerta, porque nadie sino él es luz verdadera, a no ser por participación: No era él –es decir, Juan Bautista– la luz, sino testigo d la luz. De Cristo, en cambio, se dice: Era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Por ello, de nadie puede decirse que sea puerta; esta cualidad Cristo se la reserva para sí; el oficio, en cambio, de pastor lo dio también otros y quiso que lo tuvieran sus miembros: por ello, Pedro fue pastor, y pastores fueron también los otros apóstoles, y son pastores todos los buenos obispos. Os daré –dice la Escritura–pastores a mi gusto. Pero, aunque los prelados de la Iglesia, que también son hijos, sean todos llamados pastores, sin embargo, el Señor dice en singular: Yo soy el buen Pastor; con ello quiere estimularlos a la caridad, insinuándoles que nadie puede ser buen pastor, si no llega a ser una sola cosa con Cristo por la caridad y se convierte en miembro del verdadero pastor.

El deber del buen pastor es la caridad; por eso dice: El buen pastor da la vida por las ovejas. Conviene, pues distinguir entre el buen pastor y el mal pastor: el buen pastor es aquel que busca el bien de sus ovejas, en cam­bio, el mal pastor es el que persigue su propio bien.

A los pastores que apacientan rebaños de ovejas no se les exige exponer su propia vida a la muerte por el bien de su rebaño, pero, en cambio, el pastor espiritual sí que debe renunciar a su vida corporal ante el peligro de sus ovejas, porque la salvación espiritual del rebaño es de más precio que la vida corporal del pastor. Es esto precisamente lo que afirma el Señor: El buen pastor da la vida –la vida del cuerpo– por las ovejas, es decir, por las que son suyas por razón de su autoridad y de su amor. Ambas cosas se requieren: que las ovejas le pertenezcan y que las ame, pues lo primero sin lo segundo no sería suficiente.
De este proceder Cristo nos dio ejemplo: Si Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar nues­tra vida por los hermanos.

Santo Tomás de Aquino

Renacer del agua y del Espíritu

Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del Bautismo.

Oh Dios, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.

Oh Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Oh Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abrahán, para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen de la familia de los bautizados.

Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz vertió de su costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: «ld y haced discípulos de todos los pueblos, bautizán­doles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.»Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del Bautismo. Que esta agua reciba, por el Espí­ritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el Bautismo, muera al hombre viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.

MISAL ROMANO

domingo, 29 de abril de 2012

IV Domingo de Pascua

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 10, 11- 18

En aquel tiempo dijo Jesús: -- Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y los dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido de mi Padre.

domingo, 22 de abril de 2012

Dame tu paz, Señor


Aquella que viene del cielo, que es azul y sólida


que me recuerda que es posible un orden nuevo


con unas metas y miras más altas.


DAME DE TU PAZ, SEÑOR


La que nace de un costado


que, traspasado por una lanza,


me enseña que –la paz- es consecuencia


de una vida entregada, con renuncias,


con valor y con un corazón regalándose


DAME DE TU PAZ, SEÑOR


La paz que, en manos traspasadas por clavos,


me insinúa que, la fraternidad,


sólo será posible cuando existan brazos abiertos


ojos que miren con mirada de hermanos


con pisadas que ayuden e indiquen el camino


a la gente que se encuentra perdida.


DAME DE TU PAZ, SEÑOR


No me des la paz que anuncia la televisión


No me des la paz que se confunde  con una tregua


No me des la paz en la que siempre pierden los mismos


No me des la paz que orquesta el mundo.


Yo, Señor, quiero tu paz:


La paz que respeta a todos


La paz que nace desde lo más profundo del cielo


La paz que es consecuencia del amor


La paz que es fuente del calor del corazón


La paz que es alegría de tu ser resucitado


DAME DE TU PAZ, SEÑOR


Esa paz que, todavía, muchos no conocen


Esa paz que, algunos, no desean porque les viene grande


Esa paz que, por ser celestial, sólo la puedes ofrecer Tú


desde la cruz y por tu Resurrección


DAME DE TU PAZ, SEÑOR


Tan diferente de la que ofrecen los pacifistas


Tan gigante que deja diminuta a la de la tierra


Tan inalcanzable que sólo Tú la puedes ofrecer


Tan duradera que sólo Dios la puede firmar


Tan necesaria que, por nosotros mismos,


nunca la podremos conquistar


DAME DE TU PAZ, SEÑOR


Y, si no puedes dármela Señor,


reina en mis entrañas


Vive en mi corazón y….sé que entonces


yo seré artífice de tu paz.


Amén.


Javier Leoz

Es tu día, Señor


Nada, ni nadie, podrá ensombrecer


el sol en el cual se convierte tu Palabra:


nos da seguridad, en la debilidad


nos ofrece el pan para el alma


es aliento en las dificultades.


ES TU DIA, SEÑOR


Cada Domingo, en la mesa del altar,


reconocemos tu presencia resucitada


sentimos tu mano resucitadora,


vemos tu costado que, abriéndose una y otra vez,


regala salvación y agua para toda la humanidad.


ES TU DIA, SEÑOR


Y, por ser tu día, Señor


nos sentamos en la mesa que tanto nos habla de Ti


En la mesa que nos enseña tu retrato de amor


En la mesa que se impone frente a toda duda


En la mesa que nos confirma en la fraternidad


ES TU DIA, SEÑOR


Cada Domingo, en la Eucaristía,


acogemos la paz que sólo Tú puedes ofrecer:


Paz sin maquillajes ni treguas


Paz sin exclusiones ni favoritismos


Paz sin recompensa alguna


La Paz que, siendo para la tierra,  baja del cielo.


ES TU DIA, SEÑOR


El momento del encuentro


Del cara a cara del hombre contigo


De saber que avanzas a nuestro lado


De confirmarnos en el áspero y duro camino


De celebrar, algo que sólo el Domingo nos da:


La VIDA se impone sobre la muerte


La RESURRECCCION espera al final,


Después de la gran semana de la vida terrena


La PAZ como fruto de la comunión


de Dios con el hombre


ES TU DIA, SEÑOR


Amén





Javier Leoz

III Domingo de Pascua

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 23, 35-48

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino y como reconocieron a Jesús en el partir el pan. Mientras hablaba; se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo: -- Paz a vosotros. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: --¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: --¿Tenéis ahí algo que comer? Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. El lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: --Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: --Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.