sábado, 5 de noviembre de 2011

«Llamó a sus discípulos, escogió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles»

La Tradición apostólica no es una colección de cosas, palabras, como una caja de cosas muertas; la Tradición es el río de la vida nueva que viene desde los orígenes, de Cristo hasta nosotros, y nos implica en la historia de Dios con la humanidad. Este tema de la Tradición... es de gran importancia para la vida de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II ha subrayado, a este respecto, que la Tradición es apostólica primero en sus orígenes: «Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo (2C 1,20; 3,16-4,6), mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres» (Dei Verbum 7).

El Concilio prosigue subrayando que este compromiso ha sido fielmente llevado a cabo «por los apóstoles que por la predicación oral, en los ejemplos e instituciones, transmitieron todo lo que habían aprendido de la misma boca de Cristo, viviendo con él y viéndole actuar; y también que ellos mismos gozaban de sugerencias dadas por el Espíritu Santo». Con los apóstoles, añade el Concilio, colaboraron también «unos hombres de su mismo entorno, los cuales, bajo la inspiración del mismo Espíritu Santo, consignaron por escrito el mensaje de salvación». Cabezas del Israel escatológico, en número de doce tal como lo eran las tribus del pueblo elegido, los apóstoles continuaron la «cosecha» comenzada por el Señor y lo hicieron, ante todo, transmitiendo el don recibido, la Buena Nueva del Reino llegado a los hombres en Jesucristo.

El número de doce expresa no sólo la continuidad con la raíz santa, el Israel de las doce tribus, sino también el destino universal de su ministerio, portador de salvación hasta los extremos de la tierra. Se puede captar eso a partir del valor simbólico de los números en el mundo semítico: doce es el resultado de la multiplicación de tres, número perfecto, por cuatro, número que nos remite a los cuatro puntos cardinales, es decir, al mundo entero.


Papa Benedicto XVI Audiencia general del 3•5•2006

Unidos a la Virgen Maria, te pedimos, Señor

En la tarde del sábado, día en que Dios descansó de su creación, pidamos, por intercesión de María, por la paz del mundo:

Unidos a la Virgen Maria, te pedimos, Señor,
que nos des la pureza de un corazón humilde
para comprender la Verdad
y rechazar las ilusiones engañosas.
Concédenos la libertad de tu gracia y la sencillez de María
para vivir en la justicia y el amor responsable.
Enséñanos a plasmar una cultura nueva
en la que sea posible la participación
de cada hombre, pueblo y raza.
Que el mundo no nos fascine nunca
con aquella paz aparente, oportunista y efímera
que tú rechazaste.
Señor Jesucristo, danos tu paz,
esa paz que brota de tu corazón traspasado,
paz en la verdad, en la justicia y en el amor...
Paz en la unión con el corazón de tu Madre.

Adaptado de una oración de Juan Pablo II

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Descansad

Javier Leoz

Descansad; descansad en las manos que, por ser tan grandes
sólo pueden ser las manos de Dios
Vivid; vivid en aquella ciudad que –sin penas ni tristezas-
sólo puede ser la Ciudad de Dios
Esperad; esperad el último día, pues por estar ya dormidos
para vosotros será un pronto despertad
Orad; orad por los que aquí quedamos,
pues bien sabemos que, nuestra hora, es hora incierta
nuestro mañana, un tanto inseguro
y nuestra fragilidad brota por los cuatro costados
Descansad; hermanos, descansad;
vivisteis y, Dios, os guió con mano providente
Sufristeis: pero ¿quién sabe si ahora no estaréis
descubriendo la otra cara de esa sufrida moneda?
Llorasteis; pero hoy con el pañuelo amoroso del Padre
os sentís reconfortados y consolados
Amasteis; y como un gran capital que nunca decrece,
presentáis las buenas acciones de vuestro ser
los detalles de tanta delicadeza repartida
la suavidad de las palabras que no quisieron herir
la prudencia de los silencios que fueron vuestro baluarte
Sí, hermanos, descansad en las manos de Dios
Porque, en el camino que Cristo os enseñó,
intentasteis llevar una vida y agradable
Con lágrimas y dolor
Con aciertos y fracasos
Con virtudes y pecados
Como los atletas en el estadio o en la competición,
estuvisteis corriendo hacia la meta
arropados y empujados por el Espíritu
enamorados por Jesucristo
atraídos por el amor infinito del Padre
Sí, hermanos, padres, amigos, compañeros,
sacerdotes, y tantos que estáis ya al otro lado:
Descansad y pedid por aquellos que
pensando que somos eternos
un día junto a vosotros también estaremos.
en espera de la resurrección final y definitiva.
Amén.

martes, 1 de noviembre de 2011

Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. Aleluya.

Padre santo,
tú nos has llamado hijos tuyos y lo somos.
Te damos gracias por tu santidad y porque en Jesucristo,
tu Hijo, nos llamas a todos a ser santos.

Queremos que tu nombre sea santificado en todo el mundo
y especialmente en nuestras vidas.
Hijo justo del Padre, Dios y hombre verdadero,
que nos has hecho partícipes de la naturaleza divina.
Ayúdanos a imitarte y a ser santos como tú eres santos.

Espíritu Santo, que eres Señor y dador de vida,
ven a nuestras almas y llénalas con la plenitud de tus dones.
Haz en nuestro interior una casa
en la que habites junto al Padre y al Hijo.
Sigue guiando a la Iglesia, inspirando a sus pastores
y suscitando en todos nosotros obras de santidad
para que un día podamos compartir la gloria
de los que ya viven en el cielo.

Amén.

Preces por Todos los Santos

En la solemnidad de Todos los Santos invoquemos a Dios, que nos llama a una vida perfecta y feliz:
R/ Sólo tú eres santo.

Te pedimos por la Iglesia,
- consérvala santa para que pueda santificar a todos los que se acogen a ella.

Enséñanos a contemplar la vida de los santos,
-que encontremos en ellos modelos que nos impulsen a crecer en el amor a ti y al prójimo.

Líbranos de la tentación de la tibieza,
- y enciende en nuestros corazones un deseo cada vez mayor de vivir en tu presencia.

Apiádate de los que viven en la tristeza del pecado,
- que sientan la alegría que confiere una vida dedicada a tu servicio.

Haz que nuestra vida suscite en los que no te conocen las ganas de encontrarse con Cristo,
-para que puedan gozar de la salvación que nos ha traído tu Hijo.

Solemnnidad de Todos los Santos

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron los discípulos; y él se puso a hablar, enseñándolos:

-- Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos lo que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.