sábado, 30 de abril de 2011

Beatificación de SS. Juan Pablo II pp.



El último viaje de Juan Pablo II –el Papa que recorrió el equivalente a 29 veces la vuelta al mundo- empezó este viernes a las nueve de la mañana con un desplazamiento de tan sólo quince metros hasta reposar frente a la tumba de San Pedro en espera de la ceremonia del domingo. Sor Tobiana Sobotka, la religiosa y enfermera que escuchó sus últimas palabras -«Dejadme ir a la casa del Padre»- asistió al traslado del féretro.

Fue un momento de gran emoción, que reunió de nuevo en la Grutas Vaticanas a toda la «familia» de Juan Pablo II: su fiel secretario durante casi cuarenta años, Stanislaw Dziwisz, ahora cardenal de Cracovia; las seis religiosas que cuidaban el apartamento papal a las órdenes de Sor Tobiana; el discreto mayordomo Ángelo Gugel; e incluso el maestro de ceremonias, Piero Marini, testigo del sepelio bajo una lápida blanca que pronto viajará a Cracovia pues ha sido regalada como recuerdo para la nueva iglesia del beato Juan Pablo II.

Triple ataúd
De modo espontáneo, «don Estanislao» se adelantó a besar el féretro de madera, gesto repetido por el cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone, Sor Tobiana, las demás religiosas y otros asistentes bajo la mirada conmovida de los operarios de la basílica, así como los jefes de la Gendarmería Vaticana y la Guardia Suiza. En realidad se trata de un triple ataúd, construido en torno al primer féretro de madera de ciprés -forrado en su interior de terciopelo carmesí-, que el mundo entero vio durante los funerales el 8 de abril de 2005. Ese féretro fue introducido en un segundo, de plomo, perfectamente sellado, introducido a su vez en un tercero, de madera de nogal, visible durante el traslado y que se encontraba en buen estado de conservación.

Una vez trasladado hasta dejarlo ante la tumba de San Pedro, los operarios lo cubrieron con un gran paño blanco bordado en oro que seguirá recubriéndolo por completo los días 1 y 2 de mayo, cuando reciba el homenaje de los fieles frente al altar central de la basílica de San Pedro. La ceremonia duró un cuarto de hora y fue acompañado por el canto de las letanías y del «Regina Coeli».

El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, anunció que a la misa de beatificación del domingo a las diez de la mañana, celebrada exclusivamente por el Papa y los cardenales, se sumará el actual arzobispo latino de Lviv, en Ucrania, Mieczyslaw Mokrzycki, conocido como «Mietek», secretario personal adjunto de Juan Pablo II durante los últimos diez años de Pontificado.

Para mayor solemnidad, el itinerario de los concelebrantes será distinto al habitual. Saldrán por el Portón de Bronce y recorrerán el pasillo central de la plaza de San Pedro para subir después la rampa de piedra hasta el altar, cuyos alrededores están ya espléndidamente adornados con flores, setos, cipreses y olivos regalados por la región de Puglia.

El cáliz de Juan Pablo II
El Papa celebrará con el cáliz que Juan Pablo II usaba habitualmente en los últimos años de su Pontificado y utilizará también una casulla y una mitra usadas con frecuencia por su predecesor. El hermoso relicario de Juan Pablo II, con forma de ramos de olivo, contiene una ampolla de sangre extraída algunos días antes de su muerte con vistas a estudiar una posible transfusión. Será llevado hasta el altar por dos religiosas, sor Tobiana Sobotka, que era el «ángel custodio» del Papa, y la hermana Marie Simon-Pierre, cuya curación repentina de un parkinson fue declarado como el milagro requerido para la beatificación.

La imagen de Juan Pablo II que será descubierta en la fachada de la basílica cuando Benedicto XVI lea la formula de beatificación no es un cuadro o acuarela, como suele ser habitual, sino una fotografía de Juan Pablo II tomada en 1995.

A pesar de su tamaño resultará pequeña comparada con la foto gigante, alta casi el doble de la columnata de Bernini, que adorna el lado sur de la plaza de San Pedro junto a las palabras «Abrid las puertas a Cristo» de su primer mensaje como Papa. Entre los peregrinos que se hacían fotos de recuerdo frente a esa gran imagen había un numeroso grupo de estudiantes de la Universidad de Lublin, en la que Karol Wojtyla fue profesor de Teología Moral y Ética Social. Los jóvenes cantaban en polaco el «Pescador de hombres» de Cesáreo Gabaráin, una canción que gustaba a Karol Wojtyla y cuyo estribillo venía a su cabeza en el momento de la elección papal: «Señor, me has mirado a los ojos/ sonriendo has dicho mi nombre / en la arena he dejado mi barca / junto a ti buscaré otro mar».



Frenéticos preparativos
A su alrededor y en el resto de la ciudad continuaban los preparativos frenéticos para recibir a un millón de peregrinos y 87 delegaciones oficiales, lógicamente menos que en los funerales por tratarse esta vez de un acto exclusivamente religioso y no de Estado. La beatificación será narrada al mundo por 2.300 periodistas acreditados, procedentes de 101 países.

Las Grutas Vaticanas están cerradas, pero los peregrinos pueden visitar ya la exposición «Juan Pablo II. Un homenaje de Benedicto XVI con motivo de la Beatificación», organizada conjuntamente por el Vaticano y la Republica de Polonia, instalada en el «Brazo de Carlomagno», que enlaza el lado sur de la columnata de Bernini con la basílica.

Allí se pueden ver las fotos de la familia Wojtyla, los pósters de su época de actor, el libro de Luis María Grignon de Montfort que leía en la fábrica de Solvay, sus calificaciones en el seminario clandestino de Cracovia e incluso un informe del párroco sobre su primer destino como coadjutor. Allí están una canoa de las excursiones a los lagos, su sombrero negro de la época de cardenal, así como docenas de objetos y fotografías de sus 26 años como Papa, el tercer Pontificado más largo de la historia.
ABC.es

viernes, 29 de abril de 2011

Tras la Semana Santa...

Alma mía, ama a un Dios arrestado como reo por ti, a un Dios flagelado como esclavo por ti, a un Dios hecho rey de burlas por ti, a un Dios, finalmente, muerto en cruz como malhechor por ti.

Sí, Salvador mío, Dios mío, te amo, te amo; recuérdame siempre cuánto padeciste por mí, para que yo no vuelva a olvidarme de amarte.

Cordeles que atasteis a Jesús, atadme también a mí con él; espinas que coronasteis a Jesús, heridme de amor por él; clavos que clavasteis a Jesús, clavadme en la cruz con él, para que con él viva y muera.

Sangre de Jesús, embriágame en tu santo amor; muerte de Jesús, hazme morir a todo afecto terreno; pies traspasados de mi Señor, os abrazo para que me libréis de las penas del infierno.

¡Oh María, Madre de mi Salvador y refugio de pecadores!, ayuda a un pecador que quiere amar a Dios y a ti se encomienda: por el amor que tienes a Dios, ven en mi socorro.
(San Alfonso María de Ligorio)

jueves, 28 de abril de 2011

Oración ante el Cirio Pascual

1. Escúchanos, Señor Dios nuestro, Luz inextingible, luz de la única luz,


Luz que iluminas todo cuanto creaste,
Luz de los ángeles y arcángeles,
de todos los santos.

2. Sean nuestras almas como antorchas en tu presencia,
cercanas a ti, iluminadas por ti.
Brillen por la verdad y ardan por la caridad.
Brillen y no se oscurezcan.
Ardan y no se consuman.

3. Por esta luz encendida disiparemos las tinieblas de la noche.
Disipa tú las tinieblas de nuestros corazones.

4. Que seamos morada tuya, iluminada por ti, iluminada en ti.
Que brillemos sin sombra alguna y siempre te veneraremos.
Que de ti nos encendamos y nunca nos apaguemos.

5. Para que llenos de la luz del señor, brillemos interiormente
y borrada la oscuridad de nuestros pecados,
persevere en nosotros la luz de la fe y de la caridad.

Amén. Aleluya

lunes, 25 de abril de 2011

Secuencia pascual

Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.


Lucharon vida y muerte en singular batalla

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.



¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?

A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,

los ángeles testigos, sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!



Venid a Galilea, allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia

que estás resucitado; la muerte en ti no manda.


Rey vencedor, apiádate de la miseria humana

y da a tus fieles parte en tu victoria sana.

Amén. Aleluya.

domingo, 24 de abril de 2011

Regina Coeli

Cristo ha resuccitado

¡¡ALELUYA!!
¡FELÍZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

ALEGRATE, CRISTO VIVE,
LAS TINIEBLAS DE LA MUERTE HAN DESAPARECIDO,
LA LUZ BRILLA EN NUESTRAS VIDAS,
PORQUE CRISTO, EL SEÑOR,
HA REUCCITADO

V/Alégrate, reina del cielo, aleluya.
R/Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.
V/Ha resucitado, según predijo; aleluya.
R/Ruega por nosotros a Dios ; aleluya.
V/Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
R/Porque ha resucitado verdaderamente el Señor; aleluya.
V/Oremos.
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el goce de la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

Domingo de Pascua de Resurrección

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y le dijo:

—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.