No me desampare tu amparo, no me falte tu piedad, no me olvide tu memoria. Si tú, Señora, me dejas, ¿quién me sostendrá? Si tú me olvidas, ¿quién se acordará de mí? Si tú, que eres Estrella de la mar y guía de los errados, no me alumbras, ¿dónde iré a parar? No me dejes tentar del enemigo, y si me tentare, no me dejes caer, y si cayere, ayúdame a levantar. ¿Quién te llamó, Señora, que no le oyeses? ¿Quién te pidió, que no le otorgases? Fray Luis de Granada.
Ayer nos sobrecogía la noticia de la inesperada y repentina muerte del P. Miguel Ángel Artazcoz, de 52 años de edad, de la Provincia de San Joaquín de Navarra y superior de la comunidad de Carmelitas Descalzos de Santander. Un hombre sonriente y siempre dispuesto a escuchar y abrir las puertas de la casa de María a todo aquel que quisiera entrar. Hoy, María le ha abierto las puertas del cielo y la morada celestial. Durante el funeral celebrado en la Iglesia del Carmen hoy a las 16.30h, todos hemos dado gracias al Padre por su vida entre nosotros. Alrededor de 100 sacerdotes acompañaban a sus padres y hermanos. De nuestra comunidad de Reinosa han venido los PP. Santiago y Luís María.
Señor, llena con el don del Espíritu Santo a los que te has dignado elevar al Orden Sacerdotal para que sean dignos de presentarse sin reproche ante tu altar, de anunciar el Evangelio de tu Reino, de realizar el ministerio de tu palabra de verdad, de ofrecerte los dones y sacrificios espirituales, de renovar a tu pueblo mediante el baño de la regeneración; de manera que vayan al encuentro de nuestro gran Dios y del Salvador Jesucristo, tu único Hijo, y reciban de tu inmensa bondad la recompensa de una fiel administración de su orden sacerdotal.
Te pedimos Señor por tus sacerdotes, Que sólo toquen la tierra para santificarla
R/. Te rogamos, óyenos
Que por su pureza sean como Ángeles
Que ardan en tu amor y en el de María
Que jamás den un mal ejemplo
Que no se cansen de alabarte
Que sus pasos sean todos para gloria de Dios
Que su porte exterior sea sencillo y santo
Que no se mezclen en las cosas mundanas
Que se den siempre a respetar
Que utilicen todos los medios en bien de las almas
Que sus manos sólo sepan bendecir
Que sus labios jamás se manchen con las cosas profanas
Que sus pies sólo caminen en pos de las almas
Que sus ojos miren siempre a María
Que sus cuerpos sean siempre tu Sagrario
Que sus pensamientos sean sobrenaturales
Que su corazón sea un continuo incensario
Que el Espíritu Santo los posea, les regale con profusión sus dones y sus frutos, los enamore de la Trinidad Santísima y entonces se renovará la faz de la tierra.
Oración Te pedimos Señor, que hagas santos a tus Sacerdotes, por el Espíritu Santo. Jesús, María y José, santificad a los Sacerdotes y salvad todas las almas. Amén.
Si, mi Vida, yo supiera que mi alma es para Ti, entera yo te la diera.
Mas no es mi dicha certera, que en mi corazón el sí es brisa, soplo, quimera, es fortuna pasajera, es palabra baladí.
Y siendo de esta manera mi ingrata naturaleza, ¿he de heredar la belleza que tan sólo el justo espera?
Si, clavado en la madera, me mostraste tu grandeza, ¿a qué estas simplezas mías?, ¿a qué esta necia torpeza? ¿Cuándo llegarán los días en que acuse tu nobleza?
Señor, ¿tal vez me darías para aliviar mi tristeza un poco de tus amores? Sé que me acechan dolores, y trabajos, y pobreza...
Mas teniendo la certeza de que mi alma es para Ti, préstame tu fortaleza y haz lo que quieras de mi. Amén. Emilio Alegre del Rey
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 10, 46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
--Hijo de David, ten compasión de mí.
Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:
--Hijo de David, ten compasión de mí.
Jesús se detuvo y dijo:
-- Llamadlo.
Llamaron al ciego diciéndole:
-- Ánimo, levántate, que te llama.
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo:
-- ¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego le contestó:
-- Maestro que pueda ver.
Jesús le dijo:
-- Anda, tu fe te ha curado.
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.