viernes, 24 de agosto de 2012

Oh Santa María,

Oh Santa María, Virgen de los inicios,
confiados te invocamos en los inicios del tercer milenio
de la vida de la santa Iglesia de Cristo:
Iglesia tú misma, tienda humilde del Verbo,
mecida por el soplo del Espíritu.
Misericordiosa, acompaña nuestros pasos
hasta los confines de la humanidad
redimida y apaciguada,
y mantén contento y firme nuestro corazón
en la certeza de que el dragón
no es más fuerte que tu belleza,
Mujer frágil y eterna, salvada la primera
y amiga de las criaturas
que todavía en el mundo gimen y esperan
Amén.

Beato Juan Pablo II

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